La Medicina, más que una profesión, es un acto de humanidad
Ser presidenta del American Medical Student Association (AMSA) del INTEC formar parte de una comunidad que “no solo me formó como profesional, sino como ser humano”, es un recuerdo que preservaré en mi memoria.
Por: Rosybel González, graduanda de la carrera de Medicina durante la septuagésima ceremonia de graduación
SANTO DOMINGO. – Cinco años pueden parecer un largo tiempo, pero cuando miras atrás y ves todo lo que viviste, cada sacrificio y victoria, te das cuenta de que cada segundo valió la pena. INTEC no fue solo una universidad para mí; fue un hogar de aprendizaje, desafíos y crecimiento personal.
Los primeros trimestres fueron un choque de realidad. Llegamos con una mentalidad de colegio, creyendo que el esfuerzo que nos hizo destacar en bachillerato sería suficiente. Pronto entendí que la universidad es otro nivel, un desafío que exige paciencia, amor propio y humildad.
Aprendí que la competencia no era con los demás, sino conmigo misma. Cada examen difícil, cada noche en vela y cada obstáculo me enseñó que el verdadero progreso viene del esfuerzo y la dedicación personal.
Estudiar medicina fue una montaña rusa de emociones. Hubo lágrimas de frustración y miedo, pero también de felicidad y satisfacción. Las largas noches estudiando con mis compañeros, las risas en los breaks entre exámenes, las reuniones en casas para prepararnos juntos… esos son momentos que guardo con cariño. Dormir y comer en la misma habitación del hospital con mis colegas mientras estábamos de servicio se volvió parte de la rutina, y aunque el cansancio era extremo, siempre encontrábamos un motivo para reírnos y seguir adelante.
Momentos inolvidables como recibir la bata blanca, salir de un examen extenuante y celebrar con fotos, la entrega del carnet de egresados… son hitos que marcan el cierre de una etapa que nos cambió la vida.




Pero también hubo momentos de estrés y tensión: la incertidumbre de hablar por primera vez con un paciente, la transición a exámenes presenciales en plena pandemia, los temidos exámenes de ginecología y la eterna espera de la nota de Patología Infecciosa que definiría nuestro pase al internado. Todo esto forjó nuestro carácter y nos preparó para lo que venía.
De INTEC me llevo mucho más que conocimientos. Aprendí que el trabajo en equipo es clave para el éxito, que todos tenemos algo que aportar y que con esfuerzo todo se puede lograr. Descubrí que el aprendizaje depende de mí y no solo de los docentes, y que cada reto es una oportunidad para crecer.
Sin embargo, lo más valioso que aprendí fue la lección de humanidad en los hospitales. Cada paciente, cada familia tiene su historia. Nosotros, como médicos en formación, podemos estar agotados y preocupados por nuestros propios problemas, pero las personas que están ingresadas enfrentan situaciones mucho más difíciles. Es nuestra responsabilidad tratarlos con amor y empatía, como si fueran nuestros propios familiares. Para ellos, somos su ayuda, su esperanza. Y la Medicina, más que una profesión, es un acto de humanidad.
El American Medical Student Association (AMSA) fue otro pilar fundamental en mi experiencia universitaria. Ser parte de esta organización, y más aún ser presidenta, me enseñó responsabilidad, liderazgo y trabajo en equipo. Me permitió conectar con personas del sector salud y crear lazos con estudiantes que, como yo, querían hacer una diferencia.
Los voluntariados fueron una de las experiencias más gratificantes: ayudar a comunidades necesitadas, compartir conocimientos con otros estudiantes y crecer juntos en esta vocación fue algo invaluable. Y aunque ya soy egresada, sigo participando con Handfuls of HOPE, porque la vocación de servicio no termina con la universidad.
Hoy miro atrás y veo una versión de mí misma que ha crecido, superado obstáculos y se ha preparado para enfrentar los retos del futuro con pasión y entrega. INTEC no solo me formó como profesional, sino como ser humano. Y por eso, siempre llevaré esta experiencia en mi corazón.
Entre fotos, abrazos, sonrisas y recuerdos, cerca de 1,000 estudiantes asisten a la firma de libros en busca de algo que va más allá de un carnet de egresados y que representa el inicio de una nueva aventura.
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