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Hasta siempre Anamé, abeja reina de la colmena

Colaborador
2 April, 2012

En ocasión de su partida, una egresada recuerda a Ana Mercedes Henríquez, maestra ejemplar, inspiración de vida 

[sws_red_box box_size=”250″] Celice Fernández | Egresada de Medicina [/sws_red_box]

Inmediatamente pisé INTEC supe que mi vida cambiaría para siempre. Todavía recuerdo mi matrícula y mi fecha de ingreso, 3 de enero de 1993, venezolana, hija de dominicano médico e inteciano, 15 años, totalmente analfabeta de la jerga dominicana, ansiosa de aprender.

Confieso mis dudas con respecto a querer ser médico. Mis padres lo eran y sus vidas eran demasiado sacrificadas; yo simplemente quería ayudar a la gente pero sin dejar de ser feliz haciéndolo.

Mis primeros trimestres sirvieron para descubrir que sí podía sobrevivir en una institución tan exigente; involucrarme con el Teatro Proyección y saber que quería ser monitora de Ser humano y Naturaleza, porque deseaba colaborar con el cambio de conciencia sobre la conservación de mi  planeta. Aún sigo siendo una adolescente soñadora en ese y muchos aspectos.

Biología era la primera materia de la carrera, allí sabría si me quedaba en Medicina o simplemente cambiaba de rumbo. Secretamente quería cambiar de rumbo… y te conocí, “Anamé”.

Qué mujer tan tajante, organizada, fuerte, clara, brillante, exigente y divertida, todo al  mismo tiempo. Y qué  humilde profe, siempre te resultó cómodo que te dijéramos “Anamé”.

Hoy me siento a escribir esto, a pensar en ti y recuerdo con tanta claridad tantas cosas que nos decías.  ”Mis hijos, tienen que estudiar”, y esa frase nunca se me borró… todavía estudio.

“Nunca borren una respuesta en un examen, la primera respuesta que les llegue a la cabeza probablemente sea la correcta”. Asimilé la lección luego de borrar más de una vez.( jajajaja, sí, yo también soy cabeza dura).

“Deben elegir una comunidad para BIOINTEC, que será donde desarrollen su trabajo en epidemiología y su pasantía urbana. Allí evolucionarán como médicos”. Esa advertencia me dio bastante miedo, ya saben… venezolana, malandros, inseguridad… Pero esa también la aprendí. Sólo recuerdo momentos felices trabajando en mi comunidad.

“El que no pasa BIOINTEC no pasa biología y no entra a medicina”. Para much@s una sentencia o una amenaza, para otr@s la prueba que nos moldeaba y definía como estudiantes del INTEC. El porte de un inteciano o inteciana presentando casos clínicos en los diferentes hospitales lo daba el BIOINTEC.

Me ayudaste a pasar mi BIOINTEC, me aupaste a ser parte del primer comité, y varias veces me pediste que le diera un empujoncito a algún estudiante que se quedaba solo… Me vi más de una vez levantándome del fondo del auditorio para ayudarles a responder las inquietudes del público, esas que nos dejaban sin palabras aunque supiéramos la respuesta al dedillo.

Probablemente tú hayas sembrado en mí y en mi generación esa solidaridad entre los diferentes ciclos de Medicina que hoy veo es muy poco frecuente en otras universidades…

“Anamé, una pregunta… ¿si ni siquiera he visto Anatomía por qué me dices doctora?”

“Porque el primer día que como pasante te plantes delante de un paciente eso es lo que esa persona debe percibir. Él o ella no sabe quién tú eres, solo necesita de tu ayuda”.

Y cuando vine a ver, ya no tenía tantas dudas sobre ser doctora, me gradué y regresé a Venezuela.

Pasaron un par de años antes de volver a verte, pero estabas igualita, ya retirada de BIOINTEC y de Medicina, recién homenajeada  por tu labor en pro de la conservación de los recursos naturales. Recordabas a cada estudiante de Biología, con sus defectos y virtudes, que para ese momento eran tus médicos. Y ninguno jamás podrá olvidarte.

Tal vez no sea casualidad que justo en un breve paso mío por Santo Domingo hayas decidido partir de este mundo, acompañar a Otto Coro y Marco Antonio Guridi, otros seres maravillosos que me enseñaron tantas cosas para vivir.

Para mí fue motivo de orgullo, Anamé, pararme a tu lado en el día de tu partida, acompañarte a tu última morada y rendirte honor junto a tus estudiantes y colegas, y junto a tus hijos e hijas de sangre, porque son cientos tus hijos e hijas de corazón.

Yo respondo sin dudar por mi generación: Olga Carrón, Tania Vargas, Miguel Durán, Andres Marte, Yanira Olaya, David Cabral, Ana Lyz Cuesta, Inés Ciprián… Gracias, Anamé.

Aunque  “gracias” no alcanza, para expresar todo lo que hiciste por mí, por cada “doctor” o “doctora” que formaste en BIOINTEC y egresó del INTEC, por cocurriculares liderando el INTEC Ecológico, y quién sabe qué  más cosas que yo ignoro.

Sembrar y cosechar en INTEC médicos, ecologistas y valores: eso hiciste, y así te nos hiciste eterna, abejita reina de nuestra colmena.

Gracias por darnos un “chin” de ti.



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