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Tag: Cuento

Museo

Juan Alexander Pascual Rober, estudiante de la especialidad en Estadística Aplicada a los Negocios, nos invita a una exposición de terrícolas. Disfrutémosla

En memoria de, Ray Bradbury.

Se destilaba una hermosísima mañana, la atmósfera marciana estiraba sus brazos, acabando de despertar. Se respiraba una tranquilidad, intranquilizadora, no podía ser, era como estar conscientes de que toda esta belleza y buena vibra tenían algo extraño. No obstante, la extraña sensación no nos impidió dar inicio a la agenda del día. Como sabrán, nosotros los marcianos somos seres extremadamente perfectos en cuanto a responsabilidades y acciones se trata, más aún cuando se habla de nuestro tiempo libre.

Habían transcurrido, unas dos semanas y ocho horas, desde que Leila –quien odiaba su nombre terrícola– y yo habíamos tomado la muy correcta decisión de ir al museo para ver una excelentísima exposición de personajes humanos. Tanto a ella como a mí, nos fascinaba ir al cine y ver historias relacionadas a esos temas o simplemente que contaran una realidad o que tuvieran la capacidad de transportarnos hacía la época donde ocurrió el hecho. Las 8:00 en punto, exactamente, y ya partíamos extasiados al museo. Al comenzar, ella me sujetaba mis extremidades con sutileza, y en  sus ojos se notaba una gran carga de curiosidad.

–He aquí uno de los especímenes que más años vivió: El político. Lo que sabemos de él es que era un humano, muy sagaz, sabía cómo sobrevivir llevando a cuesta el poder. Un cazador como ningún otro, socialmente hablando, claro está; causó estragos, desbalances, rompió paradigmas de corrupción, digirió abruptamente economías enteras. Era un ser magno, insaciable, siempre buscando como salirse con la suya, sobre todo, dando la espalda a la ciencia que lo vio nacer como profesional.

– ¡Wao! -murmuraron todos-

–Estese ha conservado muy bien, lo encontramos en una especie de abadía subterránea. Sujetando estos papeles, le llamaban dinero y tenía un gran valor para ellos en especial para estos especímenes que se hacían llamar los representantes de sus naciones, los verdaderos héroes, se podrían escribir cientos de epopeyas de cada uno de ellos…

Uno de los turistas suspiro – ¡Ah! Que primates más interesantes, tengo entendido que eran científicos sociales, magníficos, dominaban el arte del engaño, hipnotizaban con las palabras, eran caballeros en el papel, tipos ejemplares, verdaderos hombres. Eso es lo que nos falta a nosotros los homomartus.

El guía era paciente, un tipo con años de experiencia, que parecía sobre pasar los campos de la madurez, conocido por ser un monje de las guías turísticas, toda una leyenda del área. En el panfleto, se manifestaba el grado de preparación de este historiador.  Para él, era normal que este tipo de comentarios salieran a flote, la costumbre lo había transformado en un maestro, que sabe lidiar a sus alumnos. Sabiendo bien que, un comentario como ese, era el génesis de una ola malhumorada de suspiros y rumores, de murmullos y reacciones en pro y contra, alzó la voz, llena de energía, tratando de eliminar, y calmar cualquier comentario… pero fue en vano, no bien había iniciado cuando se escuchó desde atrás, una voz gruesa, que golpeó a cada uno de los marcianos que se encontraban allí.

Leila, se sujetó fuerte a mí, y yo buscaba entre los que nos acompañaban quien era el dueño de la voz de trueno. Efectivamente, al verlo, fui testigo de cómo dividió el  mar rojo de marcianos en dos, creando una especie de pasillo, y un silencio espacial.

–¡Bastardo!, dijo con sus ojos llenos de dolor.  -No puedes negar que eres un vil, corrupto y abominable gusano –todos volvimos a asombrarnos– ¿Tienes la fiereza, y la fuerza para repetir eso otra vez, delante de mí?  ¿Cómo puedes alabar y ser devoto de un animal cómo este? Es que nunca te has leído la historia de la tierra, debes de ser de esos que solo ve novelas, series absurdas y uno que otro cuento de superación personal, un ingenuo.

Yo estaba impactado, sujeté a Leila y nos colocamos detrás y en un ángulo donde se podía apreciar todo, mejor aún, en el sitio estratégico óptimo a la hora de que se armara un reperpero.

–Ingenuo ¿yo? El poder es lo que nos lleva a la gloria y ellos son parte de esa civilización, glorias, son historia y tipos como tú nunca lo entenderán, eres de los que se sientan a que le den pan y circo.  ¡Imbécil! Nuestro querido, caballerismo, e inmutable guía, mantenía su fría postura, tranquila y reservada no era la primera vez que se enfrentaba a dos tipos, altos, fuertes, y llenos de odio. Lo transpiraban. Siguió su estrategia, decidiendo aún, que hacer un llamado a la calma era una de sus principales cartas e intento alzar la voz…pero, esta vez, una señora, algo pequeña, con sus orejitas marcianas, sus antenitas, pequeños ojos y algo arrugada, salió de la nada y con su voz aplacó a los gigantes.

–Que inmaduros son, dijo la anciana marciana, no puedo creer lo que mis antenas perciben: odio. Sonrió maquiavélicamente ¿Qué son esos sentimientos primitivos? Increíble y sobre todo se hacen llamar homomartus, esta discusión es hasta irrisoria, es una lástima que aún haya marcianos como ustedes ¡Terrícolas!

 

La culpable

Mucho se ha hablado de una posible rebelión de las máquinas, ¿y si ya inició? Nuestro casi egresado de la especialidad en Estadística Aplicada a los Negocios, Juan Alexander Pascual Rober, nos comparte un relato para que reflexionemos sobre el tema

 

 

Siempre existen frases pegajosas que se adhieren a nuestra memoria como goma de mascar a la suela del zapato; una de tantas es la que recientemente corretea por mi mente: “Si es rápido y es gratis, entonces why not?” que es parte de una canción cuyo autor es un “Salmón”, Andrés Calamaro, músico argentino, un emblema del rock latinoamericano.

Lo que realmente me gusta de esa canción es su forma de concluir “entonces why not?”, como queriendo decir: ¡Ha! Ok. Es una afirmación vaga, tal vez, un tanto desinteresada, o simplemente llena de doble sentido, lo que la hace aún más rica. Es esa, la sensación que acompaña a muchos “entes ofimáticos”, maestros del servicio al cliente, que no tienen otra respuesta a situaciones incómodas. Ejemplo, el combate, nunca esperado, siempre oportuno, entre el hombre y la impresora (oscura música de fondo), Johann Gutenberg, nunca imaginó que las descendencias tecnológicas de su creación, serían tan rencorosas. Lo puedo así afirmar, lo he visto, y en carne propia lo he vivido.

Como bien sabrán, las vidas en las oficinas, son muchas veces super-mega-ultra ajetreadas, cargadas de mucha tensión, y sobre todo se es testigo de transformaciones inimaginables de un individuo al que crees conocer (pasas más horas con él, muchas veces, que con tú familia), pero que de buenas a primeras cambia, los efectos de estas mutaciones van, desde ovejas que se convierten en dragones cubiertos de lana hasta monos bípedos y ponzoñosos. Para afrontar esta realidad, debes adoptar la misma actitud de Santo Tomás “ver para creer” porque aunque seas un crédulo más, debes estar ahí para que te puedas convencer.

Son muchas las historias, bromas, chistes y cuentos que se extraen de nuestras experiencias acerca de estos “entes tecnológicos”. Se preguntaran porqué los he bautizados de esta manera, esto a razón de que no son más que meros equipos a nuestra disposición, para facilitarnos la vida, cosa que muchos podrían catalogar de errada, dependiendo del momento, naturalmente. Esto así, porque el sabor amargo que han tenido en sus bocas es producto de una jugarreta mal intencionada efectuada por las Impresoras.

Es probable que muchos me cataloguen de loco, pero creo que las Impresoras de todo el mundo están dotadas de una conciencia imperfecta, pero capaz de celar y sobre todo vengar. Si no pregunten a Paco Jiménez, un compañero, vecino de cubículo, quien preparaba un informe que debía entregar a las cuatro de la tarde, pero que desafortunadamente no logró a tiempo, siendo responsable de esto una Impresora Multifuncional, laser, con una capacidad extraordinaria para imprimir, escáner y copiadora integrada. Imagino que la misma, cansada de escuchar tantas veces la quejas de Paco Jiménez: “a esta empresa sí que le gusta comprar porquerías como esta” o “cuando saldremos de esta vieja condenada”; cosa que pago caro, la Impresora guardo para sí, el odio hacia Paco, y espero, como el que espera a robar, el momento perfecto, posteriormente alcanzando el éxito.

Pobre Paco, no logró entregar el informe a tiempo, él Jefe, lo fulminó en su paredón personal, a quema ropa, sin piedad. Sentí que nuestra antagonista, disfruto bastante el rostro de Paco, cuyo espíritu murió, volviendo a la vida semanas después.

¿Qué podía hacer Paco? ¿Cómo podía justificar el hecho de que la impresora no le permitió entregar a tiempo el informe? La concesión por parte de los fabricantes de este vil equipo, es cuestionable, esto debido a que a siglos de evolución aún no han podido crear la Impresora perfecta. Este simple ejemplo, no es nada comparado con lo que le paso a Odette, la hermosa, muy elegante, llena de gracia, secretaria del Gerente de Operaciones, quien, como les mencioné en líneas anteriores, sufrió una de esas transformaciones extremas.

Era el mes de enero, se había activado la alerta de auditorías, planificaciones, redacción de informes y preparación de presupuestos. Odette, muy organizada por cierto, estaba cargada de trabajo, su Jefe, un “Gurú” de la desorganización, la improvisación, y el arte de dejar para el mañana lo que debía hacer, presionaba constantemente a su secretaria, quien en un principio, supo manejar con gran entereza todos y cada uno de los encargos.

Pero como muchas cosas en la vida, ese era un ritmo que no pudo mantener todo el mes, siendo la tercera semana, donde empezamos a notar cambios, no solo en la brillante secretaria: La Gerente De Compras, Lic. Enriqueta Octave, hacía días, se había transformado en un Grifo, en cambio el Gerente Administrativo, mucho antes que las anteriores, era un Ogro; ambos azotaban sus distintos departamentos. Lo mismo ocurrió con la bella oficinista, quién un lunes, llegó con colmillos, de manera paulatina, empezó a salirle mucho pelo, hasta que un miércoles, la impresora o tal vez la luna llena, produjeron su total transformación. Muchos apuntan a la luna Llena, en cambio yo, puedo asegurar que la impresora es la responsable, ya que fue en la mañana cuando Odette entró en el cuarto de impresión, luego de muchas maldiciones, golpes y arañazos, la escuchamos aullar ¿Qué tan malvados pueden ser estos aparatos? ¿Me creen ahora?

La vida continúa, ella está ahí, en el cuarto de impresiones, vieja y desganada, pero atenta, vigilante, como quien espera a que des, un paso en falso y entonces… ¿No habrá en este mundo algún árbol que proteste?

Minuto a Minuto

El casi egresado de la especialidad en Estadística Aplicada a los Negocios, Juan Alexander Pascual Rober nos comparte un interesante relato ¿y tu, hacia dónde vas?

Juan Alexander Pascual Rober/ jnlexpasbert50@gmail.com

Con los audífonos, como escudos protectores de la socialización, Ernesto, se desplaza contrarreloj por la Avenida Máximo Gómez en dirección norte-sur, sólo desea llegar, y nada más. Calor, cornetas, polvo, carros por doquier, guaguas, y puentes peatonales de adorno, parte del relieve que avista nuestro personaje, que camina intenso, sudoroso, hacia su destino ¿A dónde va? A la universidad.

Falta media hora, para que inicien sus clases, su profesor parece ser inglés -no es normal-, tan puntual que se podría decir que es hijo del tiempo: recto, sin bigote ni barba, siempre vestido extremadamente formal, con acento de trueno, voz de general. Un profesor de Física que vive de las inversiones en el mercado bursátil, siempre apostando a lo seguro y que dice odiar el mercado de renta variable; en muchas ocasiones cuando se hace de un buen bono, les comenta a sus alumnos: soy demasiado modesto como para arriesgarme por dinero. Irónico.

De vuelta en el camino, nuestro personaje que vestido de forma casual y con zapatillas deportivas está consciente de que llegará a tiempo, por eso ahora lo que quiere es llegar, lo antes posible, es la meta. El espacio físico del aula, es similar al de un cuchitril, con capacidad para veinte alumnos tal vez veinte cinco, empero la matrícula de alumnos inscritos en la materia arriba a unos 65. Increíble. Cuando la mayoría está dentro, no quedan espacios para pasillos, el calor arremete, y hay que ser un maestro de la discreción para poder conversar. Es normal, que cuando el profesor entra en el aula se desmantela, se quita la chaqueta, la corbata, y procede a balbucear una queja, que se ahoga en el ruido que producen los alumnos, a medida que se van acomodando.

No son uno, tampoco dos los compañeros que plantean la hipótesis “Posterior al primer examen parcial, un cuarto de los que está aquí, no estará, luego cuando llegué el segundo examen parcial, la mitad, al final solo quedarán los sobrevivientes”, un planteamiento general que golpea cada clase con más fuerza a medida que se van conociendo más temas, cuando se evidencian las deficiencias en matemáticas, cuando los tigueres, se desvanecen poco a poco. Las 4: 35 P.M., Ernesto, se aproxima a la Intercepción de la Avenida 27 de Febrero, entonces mientras camina, lee publicidad, ve personas que vienen y van, escucha su música: su corazón se sobresalta de felicidad. Se acerca cada vez más, la idea de llegar antes, le brinda una sensación de victoria, sonríe.

transporte

En su asistencia más reciente, se le hizo tarde, tuvo que cazar butacas dentro del edificio que los alberga, lo que no es nada fácil: si no eres capaz de encontrarlas en los pasillos, debes buscar en los cursos que muchas veces están ocupados. Cuando se encuentra una, en un aula ocupada, que en adición tiene un maestro enseñando, significa un reto, muchos estudiantes se cohíben de interrumpir, otros se filtran sin pedir permiso secuestrando en el acto a la inmóvil butaca, una estratagema arriesgada, porque si te atrapan…vergüenza.

Nuestro héroe posee buen porte, ha trabajado en él durante todo un año, le teme al colesterol, además hacer ejercicios moldea tu cuerpo, lo que se traduce en la suma de atractivos que brinda como resultado, mayores probabilidades de atraer chicas. Tanto él como su buen amigo Gabo, son fervientes “activistas” del buen estado de salud física y una nutrición balanceada. Ambos, como en el amor a primera vista, se cayeron bien, desde el mismo inicio del semestre llegando a la conclusión –obvia- de que tenían mucho en común. Esta es una dupla que tal vez, rompa con el “paradigma” de las amistades de un semestre, que extrañamente lo es de 4 meses, a veces 5 y un chin.

Gabo, Ernesto y el 75% por ciento de la clase cruzaron la meta del primer examen parcial, Ellos (Gabo y Ernesto) se unieron convirtiéndose en una sola mente capaz de lograr, un sistema de lenguaje y señas suficiente como para sobrevivir a cada una de las pruebas. Infalible. Estos estudiantes no evolucionan, en cambio sus sistemas de fraudes, engaños, artimañas o como sea que les llamen, es cada vez es más complejo, tal vez en un futuro en las escuelas de pedagogía se enseñen materias orientadas a detectar cada una de estas bien elaboradas técnicas.

Otra vez, en el camino, Ernesto se encuentra cada vez más orgulloso de su proeza, pensando en la cara de su amigo cuando le diga que recorrió todo el trayecto en menos de 25 minutos, sobre todo el hecho de que ha descendido la cuesta y se aproxima a la Calle Juan Sánchez Ramírez, le gusta la chica que acaba de pasar a su derecha, deteniendo el ritmo para apreciarla. Volviendo a retomar el paso, disfruta aún la música a altos decibeles que destruye sus oídos, sigue todo recto hasta la puerta, toma un atajo que irrumpe por la cancha de baloncesto, bordea el Estadio Tony Barreiro, tomando la cera que lleva hasta su destino, una vez ahí se precipita, trotando en los escalones, de donde logra ver a su amigo Gabo en el pasillo, en espera del profesor este al asomarse le dice: -son las 4: 47 P. M., mientras le da una palmada en la espalda, te guarde un asiento.

-¡Gracias hermano! ¿Llegué temprano, no? He caminado todo el trayecto desde mi casa.
Gabo, Levantando su ceja izquierda y sonriendo, preguntó: ¿Tenías ganas de caminar?

-No

-Ernesto, querido hermano y compadre, la última vez, hiciste lo mismo.

-Sí, lo recuerdo muy bien.

-¿Pero no recuerdas qué te dije, que él metro tiene más de dos semanas en funcionamiento? Me tomó sólo 10 minutos llegar, y vivo más lejos.

El comentario de Gabo, traspaso a Ernesto, que en su interior se decía para sí “lo he hecho en menos de 25 minutos”.

El dato escondido

El estudiante Elías Y. Bortokán B. reaparece con uno de sus cuentos cortos y nos lleva hasta el mismo espacio en una misión inesperada. Acompañemos el recorrido de un astrounata muy curioso y de su equipo

Elías Y. Bortokán B.

Las condiciones del profesor Larson estaban muy claras. Todo aquel que lograra completar la misión tendría su viaje asegurado a la estación espacial. La misión era un programa simulado, con límites claros. El día del concurso amaneció con una atmósfera cargada de suspenso. Sobre todo Max, el jefe del proyecto no podía disimular su entusiasmo.

Los jóvenes astronautas estaban dispuestos a dar de sí su mayor esfuerzo. Se habían preparado con mucho esmero durante meses y hoy era el día tan esperado. Las ecuaciones del profesor Scott estaban demostradas. Todo un equipo de ingenieros se aseguró con empeño de que tanto en la teoría como en la práctica el resultado sería satisfactorio.

Mauricio era el estudiante más apreciado y líder del equipo de astronautas. Lucía su traje blanco impecable sin ninguna mácula. Brillaba por su sonrisa y magnetismo personal.

En la sala de espera ya todo era cuestión de tiempo. Sentado, organizado. Los asuntos del “Doc” Siempre eran así, contundentes y marcados por una sincronización pasmosa.

Llegó el momento del abordaje. Mauricio cruzó el umbral y se introdujo en la cápsula espacial. Al terminar su viaje descendió con el cuidado de los que pisan por la alfombra roja. Al descender fue recibido con gran júbilo en la estación espacial, a miles de kilómetros de distancia.