Egresados

El País de Nunca Jamás

Por: Luvil González - septiembre 13, 2010

Es prueba de que he crecido que al pensar en el País de Nunca Jamás recuerdo los dos temas principales de Diógenes y Boquechivo: política y la situación socioeconómica de República Dominicana.

Me agobia la factura de mi bb, el mueble para mis libros que necesito de IKEA, unas botas para la lluvia y cómo he de levantarme mañana otra vez a repetir la rutina: llegar, teclear, responder, café, llamar, teclear, correr, café, twittear, facebookear, googlear, café, morir exhausta en cama hasta el otro día, no sin antes haber dedicado dos horas al menos a mortificarme por el proyecto a entregar al otro día, o uno en dos semanas, otro en un mes, otro más dentro de dos meses… y yo que pensaba que la felicidad estaba a pocos minutos de la entrega del título universitario en la graduación.

Uno piensa que acabar la universidad significa graduarse de los exámenes, y las amanecidas para complacer a los “psicópatas calificadores”, ¿cierto? FALSO.

Un mes después de terminar la uni, los psicópatas calificadores se convergen en uno solo, uno mismo.

El Capitán Garfio amenazando con hacer a uno caminar la plancha hasta caer en el mar de desempleo es el jefe, el cocodrilo que se lo quiere tragar es el despertador a las 6:00 A.M. y no hay polvo de hadas para salir volando por la ventana cuando uno quiera.

Sin embargo hay mucho que desempolvar al llegar el fin de semana, solo, en un espacio vacío al que hemos decidido llamar “MI primera casa” luego de dejar el hogar para poder llegar a la hora que se nos pegue en gana para que no nos vociferen desde la segunda al llegar tres veces a la semana, pasada la media noche, “¡Haz silencio!”. En la nueva casa el silencio es eterno y permite reflexionar sobre la sensación de estar frizado en un juego del topao, en el que a menos que un amigo te toque, no tienes derecho a moverte. El juego agobia al recién graduado, que no es niño, ni adolescente pero ciertamente no un adulto. ¿Y ahora? Phyllis Korkki escribió el ensayo “El primer trabajo de los graduados es venderse”. Guacala. Odio vender. Punto. “Hay que buscar oportunidades de aprender, arriesgarse, probar cosas, averiguar qué es lo que le gusta a uno, y siempre mostrarse abierto a la próxima oportunidad” dice. Deja vú al hacer la conexión con Peter Pan incitándonos a “pensar en cosas maravillosas y dar el salto”.

La verdad es que no es tan difícil eso de poner un letrero “C VND”, tratándose de un producto que creo conocer, yo. Los recién graduados tenemos muchos beneficios por encima de aquellos que pueden colocar más de un año de experiencia laboral en su resume.

Siendo honestos, nuestra vida laboral probablemente durará el doble de los ventitantos que tenemos actualmente, eso también lo aprendí de Korkki. Sin achaques de salud aun, hay energía, entusiasmo (la habilidad de amanecer y llegar fresquecitos a trabajar al día siguiente) y por el tema de poca experiencia, salimos menos costosos.

Con esas “cosas maravillosas” en la mente ¡demos el salto!: a leer las ofertas de empleos y de becas, a actualizar los datos en la página y a solicitar el papeleo en MESCYT para legalización de título y record de notas, a buscar el ensayo de Korkki para que vean que no me lo inventé todo. Lo que si tenemos derecho a inventar es nuestro propio cuento, con nuestra costumización del País de Nunca Jamás.

Luvil González

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