Luis Valeiron y Hoyma Mazara, profesionales egresados del INTEC que ocupan posiciones de liderazgo en la industria internacional, compartieron con estudiantes su visión sobre el futuro de la ingeniería y el papel de la IA en el ejercicio profesional
SANTO DOMINGO. – La inteligencia artificial no sustituirá a los ingenieros, sino que elevar las exigencias sobre ellos, concluyeron los egresados del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) Luis Valeirón, de Ingeniería Industrial; y Hoyma Mazara, de Diseño Industrial, durante un conversatorio con estudiantes.
Al participar en la charla “Más allá del título”, organizada de manera periódica por el programa Learning Factory del INTEC, ambos profesionales analizaron los cambios que experimenta la ingeniería y las competencias que necesitarán los profesionales para desenvolverse en un entorno marcado por la aceleración tecnológica.
En el conversatorio moderado por el docente Luis Toirac, tanto Valeirón, quien se desempeña como director de Ingeniería de Eaton, y Mazara, Gerente Senior de Producto e Infraestructura Eléctrica de la empresa Hyper. coincidieron en que el avance de herramientas como la inteligencia artificial permitirá aumentar la productividad y abordar problemas de mayor complejidad, pero no elimina la necesidad de contar con profesionales capaces de comprender los problemas, diseñar soluciones, construirlas, evaluar sus resultados y determinar si realmente funcionan.
“El ingeniero moderno debe tener las habilidades de conocimiento, las habilidades prácticas para crear cosas y no puede tener el miedo a los problemas grandes”, planteó Mazara, quien además de ser docente del INTEC, tiene más de veinte años de trayectoria en la innovación y el desarrollo de productos tecnológicos, destacándose además como autor de varias patentes.
En ese nuevo escenario, saber utilizar herramientas de inteligencia artificial constituye apenas una parte de la preparación profesional. Una de las competencias que consideraron fundamentales es la capacidad de verificar críticamente la información y los resultados generados por estas tecnologías, especialmente porque pueden producir respuestas aparentemente correctas que no necesariamente resuelven el problema planteado.
“Tú no puedes creer todo lo que ChatGPT o Claude te tira”, afirmó Mazara, al llamar a los estudiantes a desarrollar capacidades de fact checking para comprobar que la información generada por estas herramientas sea correcta y que las soluciones propuestas aporten realmente valor.
Al respecto de las habilidades que deben desarrollar los ingenieros, Luis Valeirón, destacó, el trabajo en equipo, la oratoria y el marketing. “Yo puedo tener la mejor solución del mundo, pero si yo no sé explicarla, si no puedo conseguir el apoyo, si no se trabaja con diferentes personas para convertir eso en un resultado, posiblemente esa solución a veces no llega a ningún lado”.
De utilizar tecnología a saber resolver problemas
El conversatorio también puso énfasis en que el profesional del futuro deberá combinar el conocimiento tecnológico con la capacidad práctica de hacer y crear.
Los egresados señalaron que, en un momento en que las herramientas de inteligencia artificial permiten producir información, diseños y soluciones con mayor rapidez, adquiere especial valor la capacidad de comprender cómo funcionan las cosas y llevar las ideas a la realidad.
Esta visión conecta con una de las características centrales del programa Learning Factory del INTEC, una metodología que vincula directamente a los estudiantes con empresas para que trabajen en la solución de problemas reales de la industria.
A través de este programa, los estudiantes no parten de problemas hipotéticos creados exclusivamente para fines académicos. Las empresas presentan necesidades concretas y los equipos estudiantiles, conformados por jóvenes de diferentes carreras, desarrollan propuestas que deben demostrar su viabilidad tanto técnica como económica. Las empresas, además, financian elementos necesarios para el desarrollo de los proyectos, como prototipos, software y transporte.
En sus tres años de implementación, Learning Factory ha ejecutado 39 proyectos con la participación de 134 estudiantes y unas 20 empresas. Entre las organizaciones que han participado se encuentran Eaton, Mercasit, Grupo Ramos y Acumed, algunas de las cuales han repetido la experiencia.
En el caso de Eaton, la colaboración ha alcanzado alrededor de siete proyectos durante este período, reflejando la continuidad de la relación entre la universidad y el sector productivo.
Una ingeniería preparada para problemas cada vez más complejos
Para los egresados, el cambio tecnológico también está modificando la escala de los desafíos que enfrenta la ingeniería. La inteligencia artificial, la automatización y otras tecnologías permiten acelerar procesos y generar soluciones que antes requerían mucho más tiempo, pero al mismo tiempo plantean nuevos problemas y aumentan las expectativas sobre lo que un profesional debe ser capaz de resolver.
En ese contexto, Luis Valeirón, quien cursó una maestría en Ingeniería Mecánica y certificación Black Belt en Diseño para Six Sigma y tiene una trayectoria profesional enfocada en el diseño de productos mecánicos y la aplicación de herramientas de gestión de la calidad, resumió su aproximación a la profesión con una idea reveladora: “Mientras más grande sea el problema y mientras menos yo sepa del problema, más me gusta el problema”.
Con esta afirmación sintetiza una competencia que el Learning Factory busca desarrollar: la capacidad de enfrentarse a situaciones abiertas, investigar, trabajar con profesionales de otras disciplinas, identificar las causas de un problema y construir una solución viable.
Los proyectos involucran generalmente equipos de entre tres y seis estudiantes y se desarrollan durante dos trimestres. A diferencia de los proyectos tradicionales, estos son interdisciplinarios y requieren que los participantes integren conocimientos de distintas carreras para responder a las necesidades planteadas por las empresas.
La creatividad también se entrena
Otro de los planteamientos compartidos durante el encuentro fue que la creatividad necesaria para innovar no debe entenderse exclusivamente como un talento innato.
Hoyma Mazara relató que, pese a haberse formado en Diseño Industrial, no se consideraba una persona naturalmente creativa y tuvo que recurrir al aprendizaje de metodologías de pensamiento creativo y pensamiento lateral para desarrollar herramientas que le permitieran enfrentar problemas y liderar equipos.
Desde esa perspectiva, la creatividad se convierte también en una competencia que puede desarrollarse mediante métodos, investigación y práctica, especialmente cuando el profesional aprende a comprender el problema desde la perspectiva de quien lo experimenta.
Formar profesionales para la industria real
La experiencia de Learning Factory busca precisamente trasladar ese proceso de aprendizaje al entorno productivo. Los estudiantes trabajan junto al personal técnico de las empresas y utilizan tanto los laboratorios universitarios como las instalaciones de las organizaciones participantes.
El resultado es una experiencia en la que el estudiante deja de limitarse a demostrar conocimientos adquiridos en el aula y debe demostrar que puede convertir esos conocimientos en una solución que aporte valor.
Esta metodología forma parte de un modelo de vinculación universidad-industria que INTEC desarrolla tomando como referencia experiencias internacionales, entre ellas la de Penn State University, institución que lleva décadas aplicando el Learning Factory y donde este tipo de proyectos forma parte de los requisitos de formación de ingenieros y diseñadores.
De esta manera, el programa ofrece un espacio para que los estudiantes desarrollen precisamente las capacidades que los egresados identificaron como esenciales ante la transformación tecnológica: pensamiento crítico, creatividad, capacidad práctica, trabajo interdisciplinario y resolución de problemas complejos.


