Egresados

Un lugar llamado Angostura

Microhidroeléctrica en Angostura

Por: Colaborador - septiembre 19, 2014

Les voy a contar lo que esperaba y luego lo que realmente me esperó. Anticipaba un fin de semana de aprendizaje y diversión en una visita de campo. Con este viaje a Jarabacoa viví eso y mucho más.

 

Por Carlos Lantigua
Egresado de Ingeniería Electrónica y de Telecomunicaciones

Levantándome temprano con ganas de seguir durmiendo como es característico de los sábados, no me imaginaba yo lo que me esperaba ese fin de semana.

Primero les voy a contar lo que esperaba y luego lo que realmente me esperó. Anticipaba un fin de semana con mucho aprendizaje en temas políticos y sociales, acompañado de una visita de campo cuya mayor expectativa era qué tan bueno podía estar el río, que tan cómodas eran las cabañas, cuánto me divertiría en la noche con el grupo y qué historias escucharía. Sucede que con este viaje a Angostura, Jarabacoa, viviría eso y mucho más.

Iniciado el viaje y sin muchos kilómetros recorridos ya daba indicios el destino de que la aventura sería singular, en el kilómetro 77 de la autopista Duarte se nos pincha una goma, momento que aprovechamos todos para escurrirnos en esas comunidades humildes que se las come el sol y el olvido a orillas de nuestras carreteras. En mi caso conversaba con una señora que manufacturaba coloridas alfombras de saco que me decía “Aquí mi hijo, sobreviviendo; hago estas alfombras, vengo y las tiendo aquí abajo para venderlas, atiendo la casa y los muchachos”. Contaba aquella señora con un semblante en el que se peleaba la tristeza con la melancolía y más golpeada la obligada esperanza, esa que sirve para mantener la vida. Luego de varias fotografías entre el paisaje y mis compañeros de viaje no pude evitar la sensación de sentirme como un turista en mi propia tierra, ese sentimiento que embarga al que le preocupa y trata de aportar a una causa que no vive. En ese momento resolví ponerme en lugar de ellos, hacer menos fotos y usar ese tiempo para conocerles.

Mientras trataba de mimetizarme en aquel paraje del kilómetro 77 me llegó la imperiosa necesidad de ir al baño, fruto de mi constante manía de tomar agua. Con sigilo nos acercamos a una de las casas que tenía gente, asomó una joven su cabeza enrolada y sonrisa radiante invitándonos a pasar. Al fondo una letrina pequeña me recordaba que había decidido ponerme en el lugar de ellos, por lo tanto ese era mi “baño” de uso cotidiano. No pude evitar apretar la boca, lamentarme con un “chuipi” y decir que «no». Así, involuntariamente, expresó mi cuerpo su desacuerdo con que yo le asignara aquella nueva área de aseo.

Pasado el tiempo y puesta la goma iniciamos nuevamente el viaje al verdadero destino. Sin embargo la parada anterior había preparado mi sensibilidad ante los detalles. Llegamos a Angostura con mucha hambre y deseos de aventura, luego de los interesantísimos módulos con fines pedagógicos llegó la noche y con ella el tiempo de interactuar con la comunidad.

Resulta que en Angostura la comunidad decidió unirse, empoderarse. Luego del huracán George, nos cuenta Esperanza, recostada del mostrador de su pequeño pero bien surtido colmado, la comunidad quedó incomunicada por el desbordamiento de ríos y puentes colapsados. Pasada aquella experiencia la comunidad resolvió unirse y montar su propio colmado, hacerlo en sociedad comunitaria con el compromiso de que todos comprarían allí; parte de las ganancias se la repartirían los socios y lo demás se ahorraría y esto luego alumbró una cooperativa, pero no quiero adelantarme.

Ya dentro de uno de los salones del complejo ecoturístico de Angostura, que dicho sea de paso también es fruto de lo que les voy a contar a continuación. Un grupo de líderes de la comunidad nos iba a relatar como accionaron con una de las tantas iniciativas que han logrado ejecutar, y era el servicio de energía eléctrica, suplido por una mini hidroeléctrica cuyo proyecto fue planificado, ejecutado, puesto en operación y mantenido por ellos.

Comienza el relato con ímpetu esta señora, Inocencia, de carácter fuerte pero con ojos que dan cuenta de un ser humano dulce y cariñoso. “Nosotros nos dimos cuenta que unidos podíamos hacer muchas cosas, esto aquí era oscuro, las casas se alumbraban con lamparitas humeadoras, velas o cuaba, y decidimos hacer algo, cambiar las cosas (con ayuda de una fundación que alienta esos proyecto comunitarios con apoyo logístico y de seguimiento)». Sigue contando la señora que en las noches en su cama pensaba “Dios mío ya no estoy muy joven y tú sabes que mi sueño es ver esta comunidad con luz, ayúdame a lograrlo”.

En ese momento quizá sin saberlo doña Inocencia dio el paso más importante para articular y desarrollar el liderazgo, tenía dibujado en su mente “un sueño”, esos que mueven montañas y construyen caminos donde no hay suelo. A partir de ahí todo cobró sentido: doña Inocencia es la encargada de supervisar el cuartico de máquinas de la mini hidroeléctrica, tiene conocimientos técnicos impresionantes de unidades eléctricas, generación de energía, distribución y ahorro energético. Yo, profesional del área, pude palpar cómo “un sueño” transforma a una señora humilde quizá con pocos estudios, en una profesional capaz en la materia.

Transcurría la noche del primer día y cada líder comunitario nos hablaba de sus proyectos, de las proyecciones, del manejo actual y el futuro. La verdad que presenciar aquello me llevó a seguir creyendo. Lo importante es que se han adicionado otras comunidades, hay proyectos en ejecución inspirados por Angostura, que dicho sea de paso es todo un modelo integral de desarrollo, donde ellos cobran la energía, abren una cooperativa, hacen préstamos a munícipes en aprietos y reinvierten lo recaudado en proyectos como en el que estábamos alojados: cabañas ecológicas en sus propias comunidades, cómodas, bonitas y, lo más importante, que transpiran olor a madera, esfuerzo, gente noble, con sentido de pertenencia de su comunidad. Transpiran el futuro que muchos soñamos para esta media isla, rellena de talento, amor y esperanza.

Nota: Esta experiencia fue parte de un programa de la Fundación Friedrich Ebert para formar agentes de cambio, en el cual imparten clases algunos profesores del INTEC. Algunos nombres de personajes son ficticios. La historia de mi segundo día la cuento en mi blog.

Colaborador

2 Comentarios

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  1. Excelente articulo , lo disfrute de inicio a fin!

    • Muchas gracias Anny… 🙂

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