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Mi amigo humano-canino “el botado”

Monsieur Pichón
30 March, 2012

El amor es una cosa maravillosa, o al menos eso dicen los que creen que saben de eso. Es estar con esa persona especial que te hace comprender que puedes querer algo más aparte de tu madre, el bacon o la nutella. Esa persona en la que piensas y piensas, encaramado en una nube como el que marotea mangos en un finca ajena solo por la diversión de decir que está comiendo mango maroteao. Caminas a velocidad 0 y el tiempo sin esa persona se vuelve eterno, pero cuando estas con ella vuela como un amigo que te ve a la distancia cuando te debe dinero.

Ah, el amor, ese mismo sentimiento que puede acabar con la vida como la conocemos…

Advertencia: si usted planea por cosas de la vida terminar con una persona que se encuentra más asfixiada que un buzo al que se le acaba el tanque oxigeno, tenga al menos la consideración de hacerlo luego de que finalice el trimestre/cuatrimestre/semestre universitario. La gente no es así.

Uno simplemente no termina con una persona y la deja escuchando “Someone like you” de Adele a todo volumen en algún carrito de Empanadas Monumental. ¡NO! Ésta es una carta pidiendo consideración a todas esas personas que planean “botar” y no específicamente este 16 de mayo.

El que aguanta lo mucho, aguanta lo poco y si en su corazón queda algo de piedad, piense que al menos le ahorrara el dinero mal gastado a una persona que fácilmente quema todas las materias, y se daña el índice,  todo le sabe a nada por que se le fue “el amor de su vida”

La reacción de una persona al momento de decirle “esto se acabó” es muy impredecible. Hay quienes les entra un tic nervioso en un ojo, confunden los horarios de las materias y llenan los exámenes de Español II con fórmulas matemáticas. Hay otros que deciden llevar sobre-créditos más extensos que la deuda externa de nuestra bella media isla.

Lo claro es que, aunque afecte a ambas partes, siempre hay uno que sufre en menor medida o ni siquiera sufre porque pudo prepararse mentalmente.

Sea lo que sea, si estudian en la misma universidad (y en el caso más trágico, la misma carrera), usted que tomó la decisión y posiblemente sea el menos afectado, escuche mi consejo: empiece a bloquear todas sus redes sociales, que lo están brechando. Dele su espacio y no quiera venir a ponerle vendas a la herida que usted mismo abrió, el efecto será el mismo que si se estuviese aplicando alcohol.

Usted, a quien han botado (si es mayor de edad, que “aquí cumplimos la Ley”): compre un etílico de nombre que se le haga difícil pronunciar, preferiblemente de menos de RD$150 pesos, busque un CD de Adele, dele valor y si el inglés no es su fuerte, Anthony Santos es su amigo. Prepare un maratón de amargue que dure de viernes a domingo y mi madre que si el lunes no se siente mejor, busque ayuda psicológica que lo suyo era profundo.

Un recordatorio: La vida sigue.



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