Internado de Medicina Social en Baní, Peravia: la humanidad de las visitas domiciliarias

Alessia Floriani Álvarez (Emergency Medicine Interest Group)

SANTO DOMINGO.– Estudiantes del Internado de Medicina Social del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) desarrollan sus prácticas comunitarias en la provincia Peravia, donde la formación trasciende el espacio académico y se convierte en una experiencia profundamente humana.

El internado de Medicina Social tiene como objetivo acercar a los futuros profesionales a la realidad sanitaria del país, promoviendo la atención primaria. Para ello, los internos son divididos en grupos y asignados a distintos sectores de la provincia, donde brindan servicios básicos de salud, educación comunitaria y orientación preventiva.

Dentro de estas actividades, las visitas domiciliarias representan uno de los pilares fundamentales del proceso. En ellas, los estudiantes llegan directamente a los hogares de los pacientes, un espacio íntimo y significativo en el que se recoge la historia clínica, se toman signos vitales y se realiza el examen físico.

Sin embargo, más allá del procedimiento clínico, lo que distingue esta experiencia es el encuentro humano y el amor. En las casas con galerías abiertas, entre árboles, animales y el ambiente tranquilo del campo, el paciente tiene la oportunidad de expresarse sin barreras. Escucharlo permite no solo comprender su condición de salud, sino su historia, su entorno, sus emociones y todo lo que influye en su bienestar.

“Donde hay amor por la humanidad, hay amor por la medicina” – Hipócrates

La formación médica puede enseñar a identificar soplos, interpretar estudios y formular diagnósticos diferenciales. Pero hay algo que se aprende al vivir la medicina en la comunidad, y es el valor profundo de escuchar.

El paciente no es un número en un listado, ni un caso por resolver. Es una persona completa, con vivencias, emociones y silencios que también forman parte de su estado de salud. Cuando se le escucha con atención, sin prisa, surge la confianza. Y cuando existe confianza, el paciente se siente comprendido, acogido y acompañado. Ese acompañamiento es, muchas veces, el punto de partida para sanar.

En este entorno, los internos también aprenden a poner en práctica su razonamiento clínico de manera plena. Cada detalle, cada síntoma, signo, cada gesto tiene un significado. Todo lo aprendido durante la carrera cobra vida y propósito: la anatomía, la fisiología, la farmacología, la semiología y la patología se convierten en herramientas reales que permiten comprender, orientar y acompañar.

Se descubre que ninguna materia fue en vano, que cada conocimiento tiene un momento para ser útil, y que la lógica médica se afina cuando se mira a la persona completa, no solo a la enfermedad. Esta experiencia demuestra que la medicina no es únicamente ciencia, sino también sensibilidad, intuición y humanidad.

El entorno mismo ofrece lecciones profundas. La tranquilidad del aire libre, el ritmo pausado de la vida rural, la solidaridad entre vecinos y la sencillez con la que se vive, permiten comprender la salud desde una visión más amplia. La enfermedad no solo es biológica: también es social, emocional y familiar.

Durante estas visitas, los internos aprenden a adaptarse, a observar sin imponer, a acompañar sin invadir. Aprenden que la medicina no se limita a prescribir o indicar, sino que también significa estar presente, escuchar y comprender.

Cada paciente atendido deja una enseñanza. Algunos muestran fortaleza en medio de la adversidad; otros enseñan gratitud en lo sencillo; otros recuerdan el valor de la paciencia y la empatía. Estas experiencias permiten que los internos no solo crezcan como profesionales, sino también como seres humanos.

El internado de Medicina Social del INTEC no forma únicamente médicos capaces de reconocer enfermedades. Forma a profesionales conscientes de que la salud se construye con humanidad, respeto y escucha. Porque, en su esencia más pura, la medicina nace y se sostiene en el encuentro entre dos personas que se reconocen: una que necesita ser escuchada y otra que aprende que escuchar también es sanar.

El paciente no es solo un caso, es una historia que debe ser escuchada.

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