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El dominicano y la búsqueda de la perfección

Colaborador
24 April, 2015

Muchas veces nos imponemos estándares inalcanzables de la perfección, sin embargo, como plantea el profesor Eligio Cabrera, debemos construir un nuevo concepto que invite a tener metas más reales enfocado en nuestros logros

 

Eligio Cabrera / Profesor Área de Ingeniería / eligio.cabrera@intec.edu.do

El concepto de perfección que tenemos en la cultura dominicana, en mi opinión, representa un gran escollo para nuestro desarrollo personal, familiar, institucional, nacional.

En aritmética, un número perfecto es aquel entero positivo que coincide con la suma de sus factores propios. Los números enteros positivos, o naturales, son los que usamos para contar y un factor de un número natural es otro número natural que lo divide exactamente.

Todo número natural es divisible por sí mismo, por ejemplo, 15/15=1, 12/12=1, 6/6/=1, y, en general, para cualquier número natural n, n/n=1.

Y se dice que una fracción es propia cuando el numerador es menor que el denominador, como 1/6, 1/12, 1/15, 5/6, 6/12, 6/15, 12/15. Pero 6/6, 12/12, 15/15, son fracciones impropias, pues en cada una el numerador es igual y no menor que el denominador.

Así que 15 no es perfecto, ya que sus factores propios son 1, 3, 5, que sumados dan 9, que es menor que 15, y como cuando la suma de los factores propios de un número natural es menor que el número se dice que es deficiente, entonces 15 es un número deficiente.

El 12 tiene como factores propios a 1, 2, 3, 4, 6, cuya suma es 16, mayor que 12. Cuando la suma de los factores propios de un número natural es mayor que la suma de sus factores propios se dice que es abundante. Por tanto, 12 es abundante.

Pero acontece que el 6 tiene como factores propios a 1, 2, 3, que sumados dan justamente 6, por lo que se dice que 6 es un número perfecto. También lo es 28, pues sus factores propios son 1, 2, 4, 7, 14, que sumados dan exactamente 28.

Si un dominicano hubiese creado las definiciones de número deficiente, perfecto y abundante, muy probablemente hubiese intercambiado perfecto y abundante. Y esto así porque para nosotros la perfección no está entre dos extremos, sino en el extremo superior, incluso por encima de él, suele ser inalcanzable.

Sin embargo, recuerdo que en la escuela primaria me enseñaron que los latinos de la antigüedad decían que en el medio es que está la virtud. Incluso en la Biblia se advierte de no ser demasiado justo por el riesgo de auto destrucción.

En la cultura oriental, en Japón y China, concretamente, lo perfecto es lo que logra su cometido. Si se fabrica un producto, por ejemplo, una vez cumple con las especificaciones acordadas, se dice que está perfecto y entonces procede a mejorarlo.

De manera que para los orientales, como para los latinos de la antigüedad, la perfección es un umbral, un punto de equilibrio, no un máximo o un tope inalcanzable, o la falta absoluta de fallas o limitaciones.

Cuando los productos japoneses comenzaron a llegar a los mercados occidentales, como ocurrió posteriormente con los chinos, eran motivo de burla. Pero funcionaban, hacían el trabajo, y a un precio muy inferior al de aquellos que imitaban.

Pero gradualmente fueron mejorando y desde hace ya décadas los productos japoneses son sinónimo de máxima calidad. De hecho, la industria automovilística japonesa llevó casi a la extinción a la norteamericana.

Por tanto, este concepto dominicano actual de perfección es algo que nos hace mucho daño. Deberíamos abandonarlo. Y tenemos un buen ejemplo a tomar del béisbol, deporte muy popular entre nosotros.

En efecto, el promedio de 300 para un bateador en béisbol se considera muy bueno, a pesar de que literalmente significa que el bateador falla 7 de cada diez veces que va al plato. Pero no se mira las veces que falla, sino las que acierta, a saber, tres de cada diez. Similar a los orientales, que miran el promedio, y lo van mejorando.

Insisto en este concepto de perfección nos corroe como cultura, porque nos lleva a ni siquiera emprender grandes cosas, pues ponemos el énfasis en las fallas y no en los aciertos.

Y es extraño que hayamos llegado a esto, teniendo una influencia judeo cristiana tan marcada en otras cosas, como nuestro machismo, que se dice tiene su origen allí.

El apóstol Pablo en su carta a los Filipenses plantea: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Filipenses 4:8)

Es claro como el sol del mediodía que Pablo está instruyendo a los miembros de la iglesia a poner la atención, constantemente en lo positivo. Incluso esforzarse por encontrarlo donde pareciera que no lo hay.

Y Pablo pide a los hermanos que llenen su mente de estas cosas buenas, que desestimen el resto. ¡Qué diferencia con nuestros programas de comentario que llenan y rebozan la radio y la tv dominicanas! De hecho, tengo años sin ver televisión y oigo la radio muy selectivamente, por este espíritu de que todo está mal que promueven y la ingente cantidad de anuncios, por supuesto.

Que Dios nos permita alcanzar un nuevo concepto de perfección, como individuos, familias, instituciones y nación.



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