Colaboraciones

De cómo perder mis llaves me salvó…y otros cuentos más de La China (Parte 2)

Por: Colaborador - febrero 18, 2015

La estudiante de diseño industrial Johanna López vino desde La China con una maleta cargada de historias sobre su viaje, sus aventuras son una ventana a ese maravilloso país

 
Johanna López / johalopezta@gmail.com

El desayuno en China era bastante peculiar, con todo y que estábamos en un hotel con menú “internacional”: arroz frito, domplines, tallarines, vegetales en salsa, huevo frito, y “pan” (no horneado). En Santo Domingo siempre desayuno pesa’o, así que la transición no fue tan difícil, y además su sabor era muy bueno.

Luego del desayuno me llamaron de una oficina en el lobby para registrarme online en el concurso, en el tiempo que estuve allí llegaron un par de participantes, que con un ¡híjole! me hicieron suspirar un poco de alivio. Un poco de español al otro lado del mundo es siempre bien recibido.

Subí a mi habitación, y no habían pasado más de 15 minutos cuando tocaron la puerta llamando mi nombre. Allá estaba mi nueva profesora de mandarín, una mujer joven, de aspecto amable, quien me hizo buscar el discurso que tenía preparado y leérselo de los caracteres mientras ella tomaba mi tiempo. Al finalizar me dio una sonrisa, apuntó su número de habitación en un papel y dijo que nos mantendríamos en contacto.

Desperté a las 10 de la noche, ya había pasado la hora de la cena, salí del hotel con el estómago gruñendo, nada se me antojaba, así que sí, soy culpable, corrí al restaurant de comida rápida más cercano y disfruté de mi hamburguesa con papas.

Había llegado otro grupo esa mañana, ellos estaban sentados juntos, estrenando su carnet de participantes, almorzando con palitos chinos y conversando en mandarín e inglés. Me acerqué un poco y me ofrecieron un puesto, por dentro brincaba de alegría. Tomé asiento y pude contar de mi país, de las horas de vuelo, de mi estadía hasta ahora solitaria y de mi maleta perdida. Ese día conocí a la divertida chica de Irlanda, a la emprendedora de Indonesia, al experto de kung fu de Chile, y a algunos otros participantes en su mayoría de Asia y Europa.

Salimos a dar vueltas por la ciudad, recorrimos la calle del hotel, vimos una estación de metro, varios autobuses, también esperaba tener tiempo para ir con mis nuevas amigas a un gran mall de una ciudad cercana, y allí poder comprar algo para sustituir mi traje típico y tomarme las fotos.

Pero el tiempo hace de las suyas y de repente ya eran las 12pm, decidimos que no nos íbamos a arriesgar a recorrer tiendas con un photoshoot a las 3pm.

Debía de haber ALGO que ponerme sin necesidad de recorrer tiendas kilométricas, pero mis amigas de Indonesia e Irlanda se inclinaban hacia lo petite (lo cual no soy). Entonces recordé a mi roommate, una chica con una estructura bastante parecida a la mía, ella llevaba tres días saliendo antes del desayuno y regresando después de la cena, pero gracias a Dios el día anterior habíamos activado una línea de móvil china. No tuve que decir mucho, ella puso a mi disposición todo su closet, me probé algunos vestidos y me dispuse a prepararme para la sesión.

Ya se estaba haciendo tarde, corrí hacia donde mis nuevas amigas a maquillarme, la indonesia tenía una base mágica que quitaba cualquier posible defecto. Cuando iba de regreso a mi habitación me di cuenta que no tenía la llave. Entré en pánico, regresé a su habitación a buscarla, recorrí los pasillos por los que me desplacé, sin éxito alguno. Bajé al lobby, y me dispuse a pedirle a la recepcionista una copia de la llave.

En ese momento una staff se dirigió hacia mí, había llegado en ese justo momento un grupo de maletas del aeropuerto, fuimos a verlas y casi muero de la alegría al ver esa maleta azul en el centro de todas.
No me había alejado de mi pasaporte desde que llegué a China, así que se lo presenté de inmediato a las autoridades y al instante me dirigí corriendo al ascensor para ponerme mi traje típico, menos de 5 minutos antes de la sesión.

En ese momento, puedo afirmar que empecé a disfrutar mi viaje al máximo.

Colaborador

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